Es Roger Federer, sí.
Es, para muchos, el mejor de la historia y por eso perder con él nunca va a ameritar reproche alguno. Perder una vez, qué va a tener de raro. Perder dos veces, tampoco. Cinco, diez derrotas contra el monstruo, nada es inaceptable. ¿Y once? Probablemente caigan dentro de la normalidad, pero para Fernando González era demasiado.
"Mano de Piedra" estaba harto. Un par de veces le había ganado un set al número uno del mundo; en un par de ocasiones había caído en sets corridos, pero dando pelea; en otras no había tenido nada que hacer. Distintos guiones, pero siempre el mismo final: derrota.
Por lo mismo, González pudo haber entrado ayer a la pista central del Qi Zhong Stadium de Shanghai pensando que no tenía nada que perder, que un traspié más ante el helvético no cambiaba nada, que el Masters es por grupos en la primera fase y que si después les ganaba a Andy Roddick y Nikolay Davydenko todavía podía clasificar. Pero entró a otra cosa, con los dientes chirriando, clavando los dedos en el grip, mirando feo, dispuesto a morir en el intento si era necesario... Entró a decirle basta al mismo emperador.
Efectivamente, el santiaguino jugó su mejor tenis en muchísimo tiempo e hizo una lectura perfecta del partido. Pero ojo: no salió con el puño en alto por ninguna de esas dos razones. Si se impuso fue por su determinación, porque cuando se levantó ayer sabía perfectamente de la única forma que deseaba que terminara el día. Y esa exclusiva idea que flotaba en su mente fue lo que le permitió plantear bien el duelo y encontrar la confianza para ejecutar a la perfección esos tiros fantásticos.
Esa rabia de vencer fue también la que le permitió seguir creyendo, pese a un comienzo en el que Federer se mostró intocable. Lo primero que hizo González fue empezar a servir bien en el segundo set. Y una vez que supo que sus juegos de saque le pertenecían, pudo comenzar el bombardeo.
La táctica no era demasiado compleja: correrse para la derecha cuando el suizo fallaba el primer servicio y abrirlo hacia el drive para luego cargar sobre el revés y cerrar en la red cuando había posibilidades de subir.
Y si a eso se suma que su revés volvió a funcionar como en sus mejores días, que cada vez que estuvo en aprietos salió con un tiro notable y que su rival cooperó con un par de errores impensados, se empieza a entender cómo González se las arregló para terminar con la maldición.
No le ganó al mejor Federer, pero le ganó a un buen Federer ("siento que jugué bastante bien", dijo el suizo). Es que a veces hay que decir basta...
EL TERCERO
Fernando González se unió a Novak Djokovic y David Nalbandian, los únicos que este año les habían ganado tanto a Roger Federer como a Rafael Nadal.
Juan Pablo Salas V. (EL MERCURIO IMPRESO)
Seccion: Masters Shanghai
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